Calificado como uno de los cinco mejores brandis españoles, Brandy Tres Mil Botellas Ximénez Spínola, elaborado desde 1948, representa la «plenitud de un perfume que se bebe». Para producirlo se extraen anualmente 2.100 litros de su Brandy Diez Mil Botellas, para que continúe envejeciendo durante 13 años más en barricas de roble americano.

El resultado final es un elixir de color ámbar oscuro que desprende gráciles y armoniosos aromas a fruta pasificada, con toques de maderas nobles y fondo de solera vieja. En boca muestra redondez, sensaciones aterciopeladas y una dulzura muy agradable que recuerda a la uva Pedro Ximénez, y a las barricas de Jerez en las que ha envejecido. De postgusto prolongado, es un brandy inolvidable que si se prueba, probablemente nunca se borre de nuestra memoria gustativa.

La bodega Ximénez Spínola, una de las más importantes de Jerez de la Frontera, en Cádiz, fue creada en el primer cuarto del siglo XVIII por Phelipe Antonio Zarzana Spínola. Hoy, casi 300 años después, la novena generación de la familia continúa con su tarea de elaborar algunos de los mejores destilados de España, siempre con la distinguida uva Pedro Ximénez.

El brandy español, cuyo origen etimológico proviene del vocablo holandés brandewijn, que significa «vino de quema», es un licor fruto de la destilación de aguardiente de vino.

Aunque comenzó a elaborarse en Europa a partir del siglo XVI, sus orígenes son árabes. Ellos lo introdujeron en la Península Ibérica en los albores del siglo VIII. Hoy se elabora en varios puntos de nuestra geografía, principalmente en Andalucía, Castilla-La Mancha y Cataluña.

Para producir un brandy premium nacional se utiliza el método de alambique de cobre y habitualmente se provoca una segunda destilación para conseguir los aromas más delicados, la graduación alcohólica deseada, y sin duda, la mejor calidad. El buen brandy, ese que ha descansado durante décadas en viejas barricas de roble, debe ser tomado en copa redondeada de cristal y atemperado entre las manos. Y, sobre todo, debe ser degustado sin prisas, en pequeños sorbos que permitan apreciar las sutiles notas avainilladas, los aromas a fruta pasificada y esos agradables y característicos toques golosos y amielados.


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