Nos sumamos a los amigos de Bodegas Malacuera, incorporando sus productos a nuestro portfolio.  Se trata de una bodega familiar acogida a la D.O Ribera del Duero. Sus instalaciones están en pleno Castrillo de Duero, Valladolid, pero el alma permanece bajo una tierra llena de tradición, en las cavidades subterráneas de una zona con mucho acervo vinícola. En Malacuera se elaboran los vinos con uvas seleccionadas de majuelos del entorno del Valle de Botijas y de la comarca ribereña.
Los encargados de llevar el timón son David y Carlos Rodríguez y César Salvador que, junto con el enólogo Ángel Luis Margüello, diseñan cómo será el paladar de lo que allí se elabora. Su pasión por el vino la heredaron de su amigo Gerardo del Pico, quien dedicó toda su vida al campo, amando la vid y tratando su fruto con una mezcla de mimo y tradición. Juntos vendimiaron, pisaron, trasegaron y esperaron las uvas y su mosto para luego compartir ese vino fermentado en barricas de roble de las bodegas, eso sí, siempre acompañados de almuerzos y meriendas en los viejos merenderos de los pueblos de Castilla y León.
Por eso su bodega nace con ese espíritu pícaro y transgresor que intentan plasmar junto al respeto de la tradición que han aprendido a lo largo de los años, añadiendo un toque de atrevimiento en el diseño de sus etiquetas y fusionando la modernidad en la elaboración de sus vinos a la antigua usanza con tendencias hacia los naturales.  
Utilizan dos tipos de uva, la tinta fina o tempranillo para los tintos y esa misma más blanca albillo para los rosados. Todas proceden de cepas de más de 50 años de media, que pertenecen a los viñedos de Castrillo de Duero, en Valladolid, y Quintana del Pidio y La Aguilera, ambos de la provincia de Burgos.
Las uvas del Crianza, que nacen en viñedos de 30-40 años de antigüedad, se vendimian de manera tradicional y pasan a barricas de roble americano y centroeuropeo de tostado medio. Allí realizan una crianza oxitativa durante 14 meses. Después, reposan durante varios meses más antes de presentarse al consumidor. Este vino merece acompañar a los exquisitos platos típicos de la zona (asados, caza y carnes rojas), siendo también un compañero ideal para ibéricos, estofados y platos procedentes de la cocina moderna.
Para el Roble utilizan uvas seleccionadas de la variedad autóctona, el tempranillo, y después permanecen cuatro meses en barrica. El maridaje perfecto es con sopas y preparados de verduras, aves, carnes a la parrilla, guisos y quesos.
Como bien dice su nombre el Malacuera Cepas Centenarias -Drops of Hell- procede de una selección de las mejores uvas de 100% tinta fina de más de 100 años de edad. Su crianza se hace en barricas de roble francés durante 16 meses y tras este periodo descansa en botella otros 14 meses como mínimo. El resultado es un gran vino con una expresión varietal extraordinaria, una textura sedosa y una elegante complejidad aromática. Tanto es así que en 2017 se hizo con la Medalla de Plata del Concurso Mundial de Bruselas. Es ideal para carnes de caza mayor y menor y a la brasa.
El proyecto de esta bodega nació en 2012, después de que sus socios pasaran 25 años elaborando vino para el consumo familiar en sus bodegas subterráneas del siglo XVII, heredades de sus antepasados y con la uva proveniente de los viejos majuelos  que con tanto mimo ellos plantaron. Ahora, estos tres amigos han decidido dar un paso adelante para externalizar el vino y nosotros, como buenos buscadores de las joyas de las coronas que nos dan las vides de esta tierra, no hemos podido resistirnos.

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