Llega el momento del año que marca el fin de un ciclo y el comienzo de otro: la vendimia. Una palabra, por cierto, que deriva del término latín vindemia y significa quitar de la viña. La vendimia en la Ribera del Duero es de las más tardías del territorio nacional, dados los contrastes de temperatura que se producen entre el día y la noche.

La cultura vaccea es la primera referencia que tenemos de la producción del vino de Ribera del Duero gracias a los hallazgos descubiertos en la antigua ciudad de Pintia, la actual Padilla de Duero. En los mosaicos o elementos de decoración, como jarrones, hallados allí, la uva y el vino son motivos principales que revelan el carácter productor de vino de esta civilización.

La historia llega hasta nuestros días en un momento del año muy especial para las bodegas. La uva ya ha alcanzado su punto de madurez y toca agacharse y deslomarse para recoger los más de 100 millones de kilos de uva que darán lugar a los vinos de Ribera.

El nivel de azúcar de la uva es el indicador que marca el momento óptimo para comenzar a recoger el fruto y que determinará la calidad, el aroma y el sabor del vino.

Y de eso, en Extealde Distribuciones, algo sabemos. Nuestro catálogo cuenta en su haber con algunas de las bodegas de la Ribera del Duero más relevantes del panorama vinícola: Federico, Cepa 21, Cruz de Alba, Lleiroso, Malacuera, Pinna Fidelis, Valdemonjas y Valdubón.

En la Ribera del Duero existen diferentes variedades de uva, siendo la Tinto fino o tempranillo la que manda. Pero el Consejo Regulador permite otras como Cabernet Sauvignon, Merlot, Malbec, Garnacha Tinta y Albillo Mayor.

Tinto fino o Tempranillo
Esta uva es de color intenso, que comienza con tonos violáceos y amplía su paleta de color a medida que crece, pudiendo alcanzar fuertes tonos rojizos y granates.

Da como resultado unos aromas a frutos del bosque, violetas, fresa, ciruela, fruta roja y negra, flores silvestres… Son muchos los matices que pueden percibirse en los vinos de esta variedad. Aromas que, tras una larga crianza, pueden desarrollar incluso reflejos a vainilla, coco, cacao o regaliz.

Las maravillas organolépticas de este vino tinto no terminan hasta después del sorbo. Y continúan aún después. De hecho, algunas notas de sabor transmiten la esencia de la barrica y algo de cuero, con un cuerpo estable, fino y a la vez intenso.


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